Plan Nacional da PJ de Argentina (em espanhol)

Una verdad indiscutible para quienes trabajamos con las y los jóvenes es el hecho de que la juventud es un universo muy vasto y muy complejo. Un conjunto de factores parece haber distribuido de manera desigual oportunidades, trayectorias y transiciones de vida sobre las nuevas generaciones de jóvenes, poniendo en escena la existencia de diferentes juventudes o modos de ser joven. Puede ser vista como un mercado consumidor al que se presiona, puede ser estudiada como una cultura, una subcultura o una contracultura, o podemos considerarla un estado vital al que se entra y del cual se sale en distintos momentos de la historia personal de cada uno. Otra variable a considerar es el medio en el que los jóvenes se desenvuelven: la juventud como etapa es vivenciada, obviamente, de manera distinta en un gran centro urbano que en una pequeña comunidad rural. Tampoco se vive de igual manera contando con recursos económicos que careciendo de ellos, o de acuerdo a la clase social de la que se proviene. En definitiva, los jóvenes pueden y deben ser vistos simultáneamente desde todos estos puntos de vista, ya que al igual que los adultos o los niños-son un conjunto de población demasiado heterogéneo y dinámico como para ser abarcado desde una visión unilateral o excesivamente simplificada.

 

Resulta casi un lugar común señalar que en América Latina y el Caribe los jóvenes son protagonistas de algunas de las iniciativas más creativas y eficaces para el mejoramiento de la calidad de vida de sus comunidades y que, sin la participación de jóvenes en comedores comunitarios, centros de apoyo escolar, cooperativas de auto-construcción, iniciativas a favor del medio ambiente, etc., muchas de estas acciones no serían posibles o no tendrían la misma fuerza. En las últimas décadas, los jóvenes han tomado la vanguardia en la toma de decisiones en muchas ocasiones, en temas tales como la defensa de derechos humanos y sociales y la toma de conciencia sobre las problemáticas ambientales que afligen al planeta.

Convocar al voluntariado juvenil ha permitido, en muchos de nuestros países, emprender campañas de alfabetización, de reforestación, de lucha contra el hambre y otras, que no hubieran sido posibles sin la contribución de los jóvenes.

Sin embargo, se advierte que su protagonismo no aparece en los medios de comunicación ni es siempre reconocido socialmente. Esto lleva a reflexionar sobre una cuestión de visibilidad que afecta a este sector. Las movilizaciones juveniles de los `60 y los `70 que gestaron el paradigma de la juventud como sector social fueron protagonizadas por la generación de la posguerra, la cohorte poblacional más numerosa hasta hoy en la mayor parte del mundo, y probablemente la que gozó de mayor “visibilidad” tanto en los países del Norte como en nuestra región. En Latinoamérica, si bien los jóvenes son más numerosos que nunca, ese peso numérico no siempre encuentra correlato en una “visibilidad” equivalente a la que tuvo la

generación de sus padres.

En etapas anteriores, el protagonismo juvenil más perceptible era el de las juventudes políticas (incluidas las organizaciones guerrilleras), sindicales y estudiantiles. Este tipo de organizaciones generalmente tenían un nivel de exposición pública muy superior al de las organizaciones del voluntariado y a los grupos juveniles de base y fueron precisamente las más desmovilizadas durante los `90 en la mayor parte de América Latina.

Pero esto no significa que un distanciamiento de los jóvenes de las estructuras políticas tradicionales haya tenido necesariamente un correlato en la menor participación de jóvenes en organizaciones. Por el contrario, algunas encuestas parecen sugerir que la proporción de jóvenes que participaba en la década del ´70, si bien más visible y con mayor incidencia política, sería menor a la proporción de jóvenes que participa en organizaciones del voluntariado en la actualidad. En el caso de Argentina, por ejemplo, podemos cotejar datos respecto de los niveles de participación y visibilidad juvenil: en el año 1983, se registraba un 11% de jóvenes participando en organizaciones sociales, políticas y deportivas; para el año

2003, en cambio, se estableció que 23 % de jóvenes trabajan como voluntarios en organizaciones comunitarias.

Estos datos permiten sostener la idea que lo que ha cambiado es sobre todo la visibilidad y el

reconocimiento social hacia los jóvenes que se comprometen con su comunidad. La “invisibilidad” puede deberse a cuestiones demográficas, a la desmovilización de las juventudes políticas y sindicales y a la mayor integración entre voluntariado adulto y juvenil. Por otro lado, los medios de comunicación tienden a considerar a los jóvenes casi exclusivamente a partir de ciertos estereotipos negativos que los identifican como un “peligro” para la paz social y a no reconocer formas de participación diferentes o alternativas a las ya citadas.

 

APORTE B – Reflexión sobre la juventud la pratica pastoral - Evangelina Petrelli.

 

Pretendemos acercarnos a la realidad juvenil para reconocer en ella los ámbitos vitales en los que se expresa y se desarrolla el aporte que la población juvenil ofrece al dinamismo socio cultural que está en curso. La perspectiva de este aporte es educativo-pastoral. Intentaré resaltar los desafíos socio culturales que interpelan las tareas pedagógicas de la Pastoral Juvenil.

Por ámbitos vitales entenderemos los espacios de vida, las experiencias colectivas en las que los jóvenes van manifestando sus expresiones culturales, interactuando así en el dinamismo socio cultural. Algunos de estos ámbitos juveniles son clásicos porque son propios de la edad joven y están así tipificados por el acuerdo social como patrimonio juvenil. Otros ámbitos son nuevos porque han aparecido recientemente a causa de la actual sensibilidad cultural globalizada.

Al acercarnos a los ámbitos vitales en los que se expresa la cultura joven, nos referiremos al protagonismo con el que los jóvenes interactúan en el tejido cultural que va armando la sociedad. Dicho de otro modo, pretendemos reflexionar acerca del intercambio que se da en el dinamismo cultural, entre los jóvenes y sus ámbitos. La cultura no es un fantasma que nos determina personalmente, como tampoco a los pueblos, en este caso, a los jóvenes, como si fueran recipientes, envases del producto cultural.

En cuanto a la cultura, podríamos estar de acuerdo en definirla como el entramado humano significativo que va creando códigos y sistemas de interacción densa entre los sujetos y de éstos con el ambiente cercano, resultando así las experiencias artísticas y las tradiciones que alimentan la propia identidad. Esta definición nos puede servir para comprender el contexto socio cultural global y, en él, los ámbitos típicos de las expresiones culturales juveniles.

 

Contexto socio cultural global.

Decíamos que los ámbitos de vida juvenil se enmarcan en un contexto socio cultural más amplio que la reflexión académica de los últimos años la ha codificado en torno al proyecto del neoliberalismo económico, al proceso de la globalización y a la posmodernidad. Estos asuntos los venimos tratando con preocupación, porque son los acentos con los que se está pronunciando actualmente el proyecto humanidad. Solemos usarlos de modo peyorativo, como cosas así dichas, negativas, lo que deja ver el conocimiento un tanto superficial que tenemos de estos procesos[1].

De algún modo podríamos comprender que el neoliberalismo económico es la estructura propuesta (impuesta), la globalización es el clima mediático que lo mundializa y la posmodernidad dio luz verde a la sustentación ideológica que lo encubre.

El hecho es que la combinación de estas tres corrientes, esta coyuntura socio económica cultural, nos está haciendo vivir un tiempo histórico peculiar de transición. Asistimos al fin de una época y al nacimiento de una nueva. Mientras se caen algunas seguridades, las ideologías se va inventando otras, los pueblos defienden las suyas y los colectivos, en nuestro caso los jóvenes, se identifican con las propias

 

Una óptica adecuada

Para avanzar en esta reflexión, conviene ubicar nuestro desde dónde. Todo punto de vista, es la vista desde un punto. Presentamos cinco premisas, si se quiere metodológicas, que nos ayuden a precisar el aporte, que luego enriqueceremos en los trabajos de grupo.

1. Los jóvenes a los que nos referimos, ¿los consideramos sujetos agentes o pacientes?. En primer lugar, es importante que recordemos que nuestros jóvenes, esos de quienes conversaremos en estos días, son sujetos vivos y no categorías temáticas. Este encuentro condensa en una contemplación, en una celebración y en un compromiso mucha vida joven preñada de esperanza. La incidencia de cambio que guardan nuestros encuentros de reflexión pastoral, está en directa proporción con la capacidad de referencia respetuosa que mantengamos con la realidad.

En segundo lugar, no sólo los consideramos sujetos vivos, sino además actores responsables de su propia historia y de la historia de las comunidades en las que crecen. Estaremos pendientes para no referirnos a los jóvenes como sujetos pacientes, receptores pasivos de nuestros análisis y conclusiones, sino que los reconocemos como actores responsables, pro - activos, sujetos que intervienen con sus acciones e inciden con sus decisiones en sus propios espacios vitales.

2. ¿Estamos reflexionando para los jóvenes o con los jóvenes? Uno de los elementos determinantes en la pedagogía es el acompañamiento. Distanciarnos de los jóvenes para darles consejos útiles a su vida, es parte de lo que ellos cuestionan con dolor a todo el que con buena voluntad piensa para ellos. Y esto, es una tentación siempre presente para el educador. En cambio, se trata de ahondar en una exigencia educativa en todo proceso de pastoral juvenil, el acompañamiento pedagógico. Se trata de una condición física y actitudinal. Física, porque cada vez se hace más necesario hacernos presentes allí mismo donde los jóvenes desarrollan sus experiencias. Y actitudinal porque se trata de una sintonía especial, de una simpatía, en el mejor modo de entender el término. Puesto que el control remoto en la educación no tiene ningún resultado positivo, procuraremos mantener nuestra reflexión trayendo a la propia memoria la voz, el aporte, la pregunta, el reclamo de los jóvenes con quienes compartimos los procesos de pastoral juvenil. Reflexionamos con ellos, no para ellos.

3. ¿Estamos buscando políticas de militancia, experiencias de compromiso integral para la actualidad o en prospectiva de futuro?  Es una verdad que en ocasiones hemos comentado, la tardanza con la que muchas veces llegamos a los jóvenes, con todo y que les llevamos la Buena Nueva de Cristo. Otros nos ganan y llegan a incidir con mayor impacto en la vida de los jóvenes, porque pensaron antes en las estrategias de cómo abordarlos, en los estudios de mercadeo, en las tendencias financieras, en el feeling colectivo, etc. Entiendo que las aproximaciones que pretendemos lograr en estos días, deben servirnos para una visión de amplia prospectiva. Analizar los actuales síntomas y fenómenos socio culturales, debe servirnos para indagar en las tendencias de futuro. Desde esas perspectivas de futuro, nos queda fácil poder visualizar las estrategias adecuadas para ir alcanzando mayores niveles de justicia, una mejor calidad de vida para las mayorías pobres de nuestros pueblos, es decir seguir construyendo la Civilización del amor.

4. Al analizar la realidad, ¿nos enfrentamos a ella o nos reconocemos inmersos en ella? No es una pregunta ingenua. Ingenuo es creernos una supuesta objetividad o neutralidad al analizar los datos sociales que llegan a nuestras manos. Si bien es cierto que, para la comprensión de los acontecimientos, nos ayuda el colocarnos a distancia de los hechos, también es cierto que al enfrentarnos en contra de la realidad, estamos propensos a categorizarla con juicios éticos. En cambio, reconocernos como parte de la realidad, nos permite la experiencia de asumir la cuota de responsabilidad que debemos aceptar en el modo de cómo nos estamos comprometiendo con los demás.

5. Los jóvenes con quienes reflexionamos en vistas a una realidad más cercana al proyecto de la Civilización del amor, son los pobres y necesitados. Hablar de cultura juvenil puede resultar un espejismo mental. Considero pertinente, al menos recordar la necesidad de respetar la variedad de los ámbitos vitales naturales de la juventud de nuestros pueblos: juventud indígena, juventud campesina, juventud rural, juventud urbana en barrios marginales, juventud urbana de clase media, juventud universitaria, juventud obrera. No es posible una síntesis lograda de todo ese abanico colectivo, porque sencillamente son expresiones distintas y, a veces contrapuestas, del aporte joven a la cultura.

En esta reflexión pretendemos mantenernos en el ángulo del joven pobre y necesitado, aquel del barrio, el joven desempleado, el joven estudiante que trabaja para sostenerse él y su familia. Incluso, necesitamos referirnos a los jóvenes que no están en los procesos de educación de la fe, aquellos jóvenes son los prioritarios. Esta decisión responde a la opción de la Iglesia en América Latina y lejos de ser una opción excluyente, es inclusiva. Como es inclusivo el evangelio, que anuncia la liberación a los pobres y a todos los que asuman la causa de salvación en Cristo. Mantenernos en esa óptica es el gran desafío de la reflexión, del compromiso y de la praxis de la Pastoral Juvenil.

 

Los ámbitos de la cultura juvenil en América Latina

Frente a ese panorama, más bien informativo, es pertinente la pregunta acerca de la incidencia de la posmodernidad en la juventud de nuestro país y de esta región en particular. ¿Nuestros jóvenes son posmodernos? Cuando afirmamos que lo sean,  ¿es porque son activistas de esa ideología o porque están inmersos en esa mentalidad? Precisar esta respuesta nos da un mejor modo de abordaje a la situación real. En este momento nos limitamos a plantear la pregunta. El análisis posterior puede dar algunos elementos de juicio para la respuesta.

Uno de los elementos para esa respuesta tiene que ver con el desacoplamiento nuestro respecto al desarrollo mundial. En cuanto al tiempo, recordemos que América Latina, y Argentina ( a pesar de su inmensa riqueza), quedaron excluidas del progreso económico en el momento en el que los países industrializados lo estaban logrando. En nuestras naciones, los petrodólares de los setenta fueron muy mal usados por los gobiernos de turno. Eso hace ver que en nuestros pueblos notamos un choque de corrientes. Una imposición globalizada de posmodernidad en ambientes humanos preindustriales. Si sirve la expresión, diría que se trata de una invasión mediática en el rancho.

La posmodernidad no ha surgido en nuestro país, es más bien la atmósfera cultural propia de los países desarrollados después de la revolución industrial, pero que ha sido trasladada (trasculturada) a nosotros. Aquí importamos los efectos de la posmodernidad a través de la globalización comercial.

  • De todos modos, podemos reconocer tres tipos de reacción juvenil en esta realidad tan compleja:
  • Hay un descrédito de los modelos sociales que han visto los jóvenes. Las instituciones clásicas: los partidos políticos, la Iglesia, la propia familia, en muchos de los jóvenes ya no son referente válido para un estímulo de vida. Los malos ejemplos, así dichos, son demasiado pesados para quien va creciendo y se siente traicionado por los adultos.
  • Después del descrédito viene el reclamo, la protesta. Los graffiti, las manifestaciones, el vestuario, son muestras de ese reclamo que presentan muchos jóvenes a la sociedad. Un reclamo no verbal algunas veces, pero siempre reclamo.
  • Y finalmente contamos también con una propuesta al modelo social. Nuestros jóvenes no sólo señalan reclamos y protestas. Vale la pena señalar la lista larga de propuestas alternativas que la iniciativa joven le ofrece a la sociedad. El incremento del voluntariado juvenil con diversidad de manifestaciones, desde la salud hasta el cuidado del mar; el incremento de las iniciativas artísticas como la música y el teatro, títeres, teatro de calle, deporte; las iniciativas de clubes internautas en el campo de la edu-comunicación; las ONGs juveniles que van surgiendo como alternativa a la organización civil, entre muchas. Incluso, también se encuentran jóvenes que, por no estar referidos a alguna propuesta educativa, suelen interactuar sin referentes de sustentación; se mueven por intuición y con el ritmo del aprendizaje que le dan sus errores y sus aciertos.
 

Los ámbitos vitales de la cultura juvenil, decíamos entenderlos como los espacios de vida, las experiencias colectivas en las que los jóvenes van manifestando sus expresiones culturales, interactuando así en el dinamismo socio cultural. Junto a los clásicos ámbitos juveniles, encontramos nuevas experiencias que responden a la actual sensibilidad cultural globalizada.

Hablamos, por ejemplo de la virtualidad que se asume como realidad. La práctica del chateo está creando una comunidad virtual entre los jóvenes que tienen acceso a la informática. Y en ese sentido, no nos reducimos a los que pertenecen a un sector social medio o sin mayores dificultades económicas. Los jóvenes internautas ya forman clubes, establecen sus relaciones verdaderas (no reales) en la virtualidad.

Los Centros Comerciales (Mall) representan los lugares de encuentro juvenil masivo. Allí se reúnen de todas las clases sociales, allí se encuentran para pasar el tiempo, para la recreación, para la búsqueda de relaciones interpersonales de mayor o menor profundidad y compromiso.

La violencia es otro espacio vital de muchos jóvenes, como los mara o los “pibes chorros”. Los que viven en zonas marginales, aún no perteneciendo a grupos armados o violentos, se organizan para cuidar la propia vida y la de sus vecinos.

El afecto que se busca, representa otro motivo de agrupación y crea espacios vitales entre los jóvenes. Espacios vitales cercanos e inmediatos. A los vínculos de sangre y de parentesco, con los que crece la convivencia nutritiva, se añaden los vínculos de sobrevivencia y de producción, en torno al trabajo por ejemplo los grupos de microemprendimiento juvenil. También mencionamos los vínculos creados por las relaciones de roles y funciones para mantenerse unidos, respetados, reconocidos, no marginados. Finalmente, se van dando poco a poco los vínculos de ideas, de proyectos, ciencia, ideales

Está en incremento el surgimiento de nuevos actores juveniles en la interacción social: son los ecologistas.

Intervención de la Pastoral Juvenil: Maestro, ¿dónde vives?[1]

Esa es la pregunta que sentimos muy dentro los humanos. La búsqueda de la certeza, de la orientación de fondo, del sentido de la vida y de la historia, junto a la imperiosa necesidad de un calor de convivencia que cobije en ternura y sea manantial de seguridad. En la pregunta que le dirigen los discípulos a Jesús, se muestran las tres necesidades radicales de toda persona: sentido, seguridad y amor. Refiriéndonos a los jóvenes, con más razón necesitamos reconocer estas, sus necesidades, porque viven la etapa crítica de la iniciación, de la maduración, del crecimiento en las convicciones que le darán estabilidad en su existencia. Y viven esta etapa en una época de transición, en la que todo lo seguro se cuestiona y se revisa, casi se sustituye.

Justamente en esta transición epocal, es conveniente recuperar el mensaje vivo que nos da en la memoria, la referencia de fuente a la casa y a la escuela. Es una referencia vital, un símbolo vital, para que el servicio de la Pastoral Juvenil se configure precisamente como una propuesta, una oferta, una experiencia abierta de aprendizaje para la vida (Maestro, ¿dónde vives?). Parece que se trata de ponernos todos en la búsqueda constante de los valores, en vista de lograr entre todos la convivencia humana, con Dios en medio nuestro. En este horizonte podemos encontrar muchos retos para que la Pastoral Juvenil Orgánica siga alcanzando con sus animadores, responsables, asesores y acompañantes formados, a la gran mayoría de los jóvenes faltos de casa y escuela, sin amor y sin referentes de vida.

Esa juventud está afuera, en la normalidad de lo cotidiano, en la calle, en el campo, en el trabajo, en el duro vivir, en medio del riesgo y del peligro, en la esquina en la que se comercia la droga, en el cibercafé donde se entablan relaciones humanas virtuales verdaderas, en las canchas de fútbol de los barrios, en los pasillos de las universidades, en los campos trabajando temprano, en los centros comerciales, en las villas, en los museos culturales, en los pueblos pequeños perdidos en el mapa... en los bordes, en las fronteras, marginados, excluidos... Para acercarnos a esa juventud, necesitamos precisamente cruzar la frontera y pasar allá, donde están ellos. Quizá, para muchos de nosotros se trate de volver allá, es decir reconocer la propia realidad personal, regional, vecinal, urbana. Si la propuesta y el acompañamiento que quiere ofrecer la Pastoral Juvenil, no cuenta con experiencias alternativas de frontera, con experiencias que ayuden a los jóvenes a integrar la vida, la fe y la cultura, entonces la pastoral juvenil se sumará al montón de esquemas insignificantes que se conservan en los archivos parroquiales, o para tirarlos o para que luego alguien los estudie.

Inspirándonos en estas palabras simples y profundas a Jesús... Maestro, ¿dónde vives?, es decir, en la búsqueda de una experiencia de sentido compartida con los jóvenes, la pastoral juvenil se reconoce en el servicio de la educación hacia una formación integral en Cristo. Esta formación integral en la que maduran los agentes de la Pastoral Juvenil, necesita ver en prospectiva una ruta por donde transitar, un sendero, un itinerario de educación en la fe para los jóvenes que parte de sus realidades y necesidades y que acompañe las opciones vitales de sus proyectos de vida.

Desde el panorama que hemos intentado analizar, aparecen algunos desafíos para la formación integral de los agentes de la Pastoral Juvenil, en modo especial para alimentar en la experiencia de la militancia, el compromiso juvenil. Sólo los menciono, serían objeto de otro esfuerzo de reflexión o quizá pueden estimular algunos aportes que se conversen a continuación en los grupos.

En las experiencias de frontera que necesitamos ofrecer en el camino de educación en la fe, se hace necesario alimentar en los jóvenes

  • El sentido de pertenencia a un colectivo, a un referente afectivo que implicando, comprometa sus decisiones.
  • Esa experiencia cercana y horizontal, hecha de relaciones interpersonales comprometidas en acuerdos de bien común, constituye el humus para el crecimiento gradual en la participación cívica y ciudadana por la que se nos permita ver y sentir en la propia ciudad la realidad de una civilización dedicada a la justicia, a la democracia, al desarrollo.
  • La experiencia de la interacción con otros distintos, a quienes desde las tareas asumidas en conjunto aprendemos a valorar y respetar, ofrece a los jóvenes la posibilidad de ver palpable la unidad en la diversidad.
  • Una diversidad que, lejos de ofrecer un supermercado de opiniones encontradas y relativizadas entre ellas, permite en el joven la experiencia del discernimiento en  la búsqueda conjunta de la verdad, de los valores por asumir, vivir y defender.
  • La militancia se hace fuerte cuando se dedica a la causa de la solidaridad. En nuestras comunidades, tan vulnerables en lo que respecta a la justicia, al desarrollo sustentable de todos, a la educación, a la salud de los habitantes, se presenta desafiante para la conciencia joven, la tarea, el proyecto de una red de solidaridad, en palabras de Juan Pablo II, la globalización de la solidaridad.
  • La solidaridad no se alcanza sólo con marchas y manifestaciones de calle, o con los insistentes llamados que hacen los jóvenes a la conciencia social desde el arte, la música o el teatro. La pastoral juvenil necesita apuntar en el camino de educación de la fe a la cultura del trabajo. Urge superar la matriz establecida por la cual se trabaja para sobrevivir. La experiencia de un trabajo que enriquezca la cultura, irá dando un clima de mayor humanidad al esfuerzo cotidiano por el alimento y el vestido.
  • El aceptar el ritmo del tiempo, el asumir los itinerarios de educación en la fe, van a otorgar la experiencia de la paciencia histórica en el proceso de la propia vida, de la sociedad, de la misma pastoral juvenil.
  • Finalmente, la práctica evangélica de la política es la alternativa que podemos presentar en nuestras comunidades. La estructura dependiente de nuestras economías alimentó una praxis corrupta en los partidos políticos y en el ejercicio del gobierno. Necesitamos recuperar el puesto que tiene el ejercicio político al lado de la gestión económica. Y eso es, sin duda la experiencia que pueden realizar los jóvenes en el ejercicio de la reciprocidad y de la gestión participativa por el bien común.
 


[1] Jn 1,18


[1] Par un mejor estudio sugerimos los aportes de CIFELLI Pablo, Contexto, cultura y protagonismo juvenil en América Latina, Apuntes preparados para el XIV Encuentro Latinoamericano de Responsables de Pastoral Juvenil., Quito 2003. Del mismo autor: La cultura del ya se fue, un análisis del fenómeno juvenil, en Nuevas Voces, 21 (1994); Cultura juvenil, interrogantes y pistas de aproximación, en AA.VV., Argentina, tiempo de cambios, Ediciones Paulinas 1996. Pablo Cifelli, profesor de Filosofía y Pedagogía, especializado en la relación de la educación con la cultura, ha publicado diversos artículos sobre las culturas juveniles.

 

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