La familia un reto y compromiso para la juventud (em espanhol)

En la Escuela e en el Colégio con los hijos
 

Los padres no pueden pensar en “delegar” la educación fundamental de la persona  a la escuela o al colegio.   En otras palabras, no deben solamente “esperar” ciertos resultados.  Deben colaborar para lograrlos.  Ellos son los maestros de madurez humana.

 

Formar “honrados ciudadanos”, uno de los objetivos del sistema educativo de Don Bosco, es también un deber.  Para lograr tal objetivo la familia y la sociedad hacen una alianza en ese periodo particular que es la escuela y el colegio.  La familia puede hacer mucho para que sea mucho más sereno, útil y eficaz este importante periodo de vida de los hijos.

 

La escuela y el colegio son un gran periodo de aprendizaje.  Lo que efectivamente los muchachos deben hacer, es apoderarse de los instrumentos fundamentales para influenciar creativamente en la realidad humana.  Deben aprender a pensar, a expresarse correctamente, a usar creativamente todo aquello que sirve para realizar la tarea humana fundamental.  Deben lograr realmente el uso de razón. Es como si tuvieran que aprender un oficio y eso exige tiempos largos.  Nadie aprende a estudiar sencillamente porque recibe la orden “¡Estudia!”, amenazas o chantajes de diverso tipo.

 

Las transformaciones siempre más rápidas en el campo de la informática y la telemática, la continua evolución en el campo legal y económico, ponen a los estudiantes frente a un problema urgente.  Deben aprender en forma flexible y en tiempo muy corto.

 

Un oficio se aprende generalmente mirando e imitando al que es experto.  La autonomía, las habilidades sociales, la disciplina intelectual, todo lo que constituirá lo que llamamos “ser uno mismo” del hombre maduro, se aprende si es propuesto y, en ocasiones impuesto.

 

Nunca los dejen solos, pero no los sustituyan.  En lo posible, los padres deben evitar dos conductas opuestas: ponerse en el lugar de los chicos en el desarrollo de sus tareas, o abandonarlos a sus propias fuerzas, realizando cuando más la función de “cuidadores”.

 

Denles una motivación sólida.  El problema de fondo de los muchachos es el siguiente: “¿Por qué tenemos que estudiar?”.  Los padres deben manifestar claramente sus expectativas.  A través del aliciente y el ejemplo, sobre todo.  En el fondo, los niños estudian a la fuerza.  Los estudios son algo que les interesa a los adultos, no a ellos.  Los pequeños quieren enterarse, eso sí.  Tienen una curiosidad inmensa, que la escuela ordena y enrumba, como el agua destinada a producir energía eléctrica en una central.  Esto pide esfuerzo.  Pero muchos chicos no logran ver un propósito convincente en esta sucesión de materias escolares.  La indefinida indicación de un mítico “diploma” ya no es suficiente.

 

En la casa, los chicos deben ver concretamente “de qué sirven la escuela y el colegio”.  Si la escuela no es relacionada con la vida, corre el riesgo de ser percibida como una inútil y tormentosa obligación. El periodo escolar de los hijos es la más grande inversión de los padres para el futuro: una inversión que deben protegerse en todas las formas posibles. La primaria y la secundaria no son una condena.  Hay que luchar, y mucho, para que los hijos sientan el placer de aprender, el placer de leer, el placer de razonar.  El amor por los libros, por ejemplo, normalmente se aprende en la casa.

 

Enseñen un método de trabajo.  El cerebro se hace tanto más eficiente cuando más eficientemente es usado.  La memoria trabaja tanto mejor cuanto más se la hace trabajar.  La inteligencia de muchos jóvenes corre el riesgo de atrofiarse, simplemente por falta de ejercicio.  Para poder lograr el “pensar”, el niño necesita que se le enseñe a pensar.  Para poder usar adecuadamente la memoria, necesita que se le enseñe a recordar.  Para poder resolver adecuadamente los problemas, necesita que se le enseñen las técnicas de solución de los problemas.  Descubrir el “cómo se hace” en el estudio, les hace a los muchachos más seguros en un campo tan importante de su vida y en una edad que ansiosamente busca sobre todo la seguridad.

 

Ayúdenles a administrar el tiempo.  Es importante que los padres ayuden a los hijos a “mantener el día en orden”, a hacer un programa jerárquico de los compromisos.  Es bueno que los padres controlen la agenda con los hijos.  Para ayudarlos a hacer una programación que debe integrar a los empeños escolares, también la diversión, el juego, el deporte, actividades colectivas.  El estudio necesita tranquilidad y serenidad global.

 

Eviten las ansias “del fracaso”.  Es necesario mantener siempre separada la estimación por el hijo como persona de sus resultados escolares.  A menudo el juicio escolar se fija tan solo en el resultado y no toma en cuenta el progreso que hubo.  Muchas dificultades escolares nacen de problemas que nada tienen que ver con la pereza ni la distracción.

 

Están presentes en la vida escolar.  ¿Cómo esperar que un niño tome en serio la escuela o el colegio, si sus padres no se interesan en eso? Los hijos sienten que es importante lo que los padres demuestran considerar importante.  Los padres deben participar en las reuniones y en los encuentros y hacerlo no como si fuera una especie de contrapartida de la instrucción escolar, sino sintiéndolo como el más precioso de los aliados.
 
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Anchietanum - Centro de Juventude,
16 de mar de 2010 11:26
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