Desentrañando la vida verdadera para hacer emerger lo nuevo

“El mundo va envejeciendo, y bajo el peso de sus pecados e ingratitudes se extingue la luz de la fe y se ahoga la llama del amor. Dios, que ha hecho sanables las naciones, ha dejado en su seno gérmenes de vida y restauración. Algunas brasas del fuego divino ocultas bajo la capa de ceniza esperan que un soplo poderoso las avive, que una mano acerque combustible. ¿Dónde está esa mano?, ¿dónde ese soplo?,  ¿quién renovará esos carbones, que van apagándose, hasta arrancarles chispas que recorran la tierra y encender llamas que al cielo lleguen?” (San Enrique de Ossó, Llamamiento a las jóvenes de Tortosa, 1873).

Una sola vez escuché estas palabras a los 18 años y jamás pude olvidarlas. Palabras que fueron pronunciadas hace más de 100 años y siguen teniendo una vigencia increíble.

El mundo vive un momento marcado por la globalización y por avances tecnológicos que crecen a cada instante a pasos agigantados y entre tantos flashes  la luz de la fe pasa desapercibida como una más y el amor se ha convertido en una frase común, vacía de sentido. Pero la luz no se ha extinguido. Las brasas del fuego divino son la palabras pronunciadas por Dios a lo largo de la historia de la humanidad que siguen aguardando a ser escuchadas, proclamadas y vividas, pero se encuentran silenciadas por tantas voces que anuncian productos de consumo, moda y placer.

El soplo divino sigue viviendo en el corazón de los jóvenes, esperando ser avivado. ¿Dónde están los acompañantes que opten por los jóvenes? ¿Quién confía lo suficientemente en ellos para apostar la vida en su servicio hasta hacerles experimentar con tantas fuerzas el amor de Dios que logre transformarles?

¡Los jóvenes necesitan encontrarse con la Palabra! Necesitan descubrir a un Jesús que como ellos vivió un nacimiento  celular, un nacimiento físico, uno cultural, un nacimiento psicológico, uno espiritual, uno social y un último y verdadero nacimiento: el paso de la muerte a la resurrección. En otras palabras, necesitan relacionarse con un Jesús que es verdadero hombre y verdadero Dios y, desde él revisar el propio camino de la vida.

Para ello hemos de preguntarnos antes ¿Qué sienten los jóvenes? ¿Qué aman? ¿Qué temen? ¿Qué sueñan en su relación consigo mismos, con la Iglesia, con la familia, con los demás jóvenes, con la naturaleza, con Dios? Todo esto constituye el grito de los jóvenes que hemos salido a escuchar en la primera etapa del proceso de revitalización que actualmente estamos haciendo como Pastoral Juvenil Latinoamericana y ahora se convierte en el punto de partida al momento de tomar la Biblia en la mano.

Corremos el riesgo de, una vez más, abrir la Biblia desde nuestra intencionalidad para proponer a los jóvenes lo que consideramos ellos deberían reflexionar, proporcionando a su vez nuestras adultas interpretaciones del texto, pero hemos de tomar otro camino si realmente queremos revitalizar la Pastoral Juvenil en nuestro continente.

Revitalizar la Pastoral Juvenil es un proceso que pasa necesariamente por la piel y los sentimientos de los jóvenes, por tomar de su vitalidad para vivir y vibrar. Para revitalizar la Pastoral Juvenil hemos de inyectarle en las entrañas la vida nueva que sólo viene de aquel que es en sí mismo novedad, que no duda en llamarse a sí mismo el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Cómo hacerlo? No hay recetas, pero sí una clave de lectura: hay que acercarse a la biblia con ojos de joven, este es el primer paso.

Una vez asimilada esa realidad y habiéndonos colocado los ojos de joven, hemos de buscar las llaves con las  cuales abriremos la biblia para pronunciar ante los jóvenes “Palabras de Vida”. La clave es apropiarnos de categorías de análisis:

·         Los jóvenes son una totalidad bio-psico-social-espiritual, ellos se encuentran presentes, aunque a veces desdibujados en muchos relatos bíblicos, ¡Hay que descubrirlos!.

·         Los jóvenes se apropian de espacios y los hacen suyos, pasearnos por ellos es fundamental si queremos hacer una construcción de sentido que les refleje tal como son y donde están. Necesitamos reconocer los territorios en los que se mueve su existencia, para con ello hacer contraste y lectura de los caminos transitados por la juventud presente en la Biblia.

·         Los jóvenes se definen muchas veces en función de sus relaciones, especialmente hoy en día cuando asistimos a una generación particularmente afectiva, entonces cabe preguntar  ¿Qué agrupaciones descubrimos entre los jóvenes en el mundo bíblico?

·         Los jóvenes hablan a través de símbolos, con ellos representan lo que quieren expresar, descubrimos que tienen sus propia moda, música, colores, gráficos y lenguajes con los cuales se identifican. Lo fundamental es descubrir lo que quieren simbolizar.

·         Los jóvenes tienen una identidad, una forma de ser personal, de ser como grupo, como comunidad. La identidad nos ayuda a diferenciar lo que soy de lo que no soy, donde pertenezco en contraposición a donde no me ubico. Esta categoría resulta sumamente compleja en momentos en que el joven navega en la internet, viaja a donde quiere en tan solo un segundo y se puede identificar con un sinnúmero de rostros y lugares.

·         UNIDADV-FONDO. abajopsd.jpgLos jóvenes se mueven en función de sus emociones y sentimientos, con toda la fuerza que ello imprime a sus vidas. Es preciso presentar la dinámica del amor tal como la presentan las Sagradas Escrituras.

·         Los jóvenes viven y se expresan a través de su cuerpo. La corporeidad les descubre también su identidad sexuada y diferenciada, por tanto esta categoría no debe quedar excluida de los sagrado.

Todas estas categorías son llaves que nos permiten abrir puertas para aproximarnos a los textos sagrados y poder dejar que Dios hable a los jóvenes con palabras conocidas.

Una vez hallada la puerta que se quiere abrir, podemos entrar a la biblia para buscar textos oportunos, interesantes o nuevos y a partir de ellos proponer preguntas que faciliten la apropiación del mensaje. Es clave plantear preguntas y más aún saber plantearlas, de manera que se genere una relación dialogante con la Palabra.

Así, con este camino buscaremos salir del texto no sólo desde una simple aplicación a la vida sino como una tarea de construcción del sentido del texto, es decir, procurando que realmente llegue a ser significativo el texto leído y meditado para la juventud de hoy.

Si hemos comenzado por reconocer los símbolos que usan los jóvenes para expresarse, hemos de concluir con una resignificación de símbolos que impliquen el sentido construido a partir del encuentro con la Palabra. Es un momento lleno de fecundidad que abre espacio para todas las expresiones propias de los jóvenes (danza, teatro, pintura, poesía, entre otros). Sin este momento no hay un verdadero proceso de reconstrucción de sentido.

Todo este recorrido tiene su desemboque final en un cambio personal que ha de llevarles a insertarse como agentes transformadores de la realidad personal, comunitaria y social. El reto es generar cambio de paradigmas y a partir de ellos reinterpretar la vida.

El viento sigue soplando… Avivemos las brasas, renovemos el fuego del Espíritu en el alma de los jóvenes.

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