La PJ Que Soñamos…

Introducción

 

 

Desde hace unos años la Pastoral Juvenil viene realizando un camino para acompañar más de cerca a los y las jóvenes y responder a sus realidades. Fruto de ello es la realización de la última Asamblea Nacional que dio lugar a las Orientaciones Nacionales de Pastoral Juvenil 2007-2010. Estas orientaciones quisieron ser un aporte para que las diócesis fortalecieran más el trabajo pastoral con los y las jóvenes. De este modo la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil ha animado e impulsado este caminar en las iglesias diocesanas del Uruguay.

 

Queriendo dar continuidad a este proceso y convocados por el Espíritu, jóvenes y adultos integrantes de la Pastoral Juvenil Nacional, hemos querido compartir la Pastoral Juvenil que soñamos. Lo que aquí presentamos surge de nuestras propias experiencias y es fruto de muchos encuentros, de oración, discernimiento comunitario y reflexión. Este tiempo en que hemos estado en la Pastoral Juvenil, hemos compartido años de trabajo pastoral, de luchas, de cosas bellas, de peleas, discusiones de fondo y de las otras en las que a veces nos “enganchamos”. Han sido años ricos de experiencia compartida, de comunidad desde lo diverso, y con un profundo amor a los y las jóvenes y un profundo cariño también entre nosotros.

 

Así como otros han sido para nosotros testimonio creíble, nos han motivado, formado e impulsado en nuestro crecimiento personal y camino de fe, también nosotros queremos compartir con otros esto que tenemos la certeza que vale la pena. Lo hacemos con sencillez, desde la humildad y con mucha alegría de sabernos Iglesia.

 

Desde esta pertenencia eclesial y en sintonía con las Orientaciones Pastorales de la CEU 2008-2013, queremos aportar especialmente para que la Iglesia joven uruguaya pueda “vivir un proceso auténtico de conversión pastoral” (Orientación nº1) que le dé prioridad a la acción pastoral dirigida a los jóvenes.

 

 

Una PJ que ame

 

“Después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1)

 

Soñamos con una PJ que ame incondicionalmente a todos los jóvenes.

Una PJ que ame no a los jóvenes que soñamos e idealizamos, sino a los jóvenes que existen, a los reales, a los que están en nuestras comunidades y a los que no están integrados a ellas, con opción preferencial por los más excluidos.

 

“Jesús invita a los jóvenes a vivir un estilo de vida en el amor, a anunciar con sus vidas alegres e intensas que el amor auténtico es posible y a reconocer en ese camino que recorren con fe y valentía la presencia del Dios de la Vida. Se trata de ser capaces de dialogar, de aprender a escuchar y compartir, de ser constantes y perseverantes en los compromisos asumidos, de mirar los intereses de los demás antes que los propios, de entregar las propias capacidades sin esperar recompensa, de ir dando la vida en las acciones humildes y sencillas de cada día. Se trata, definitivamente, de ser testigos de la Civilización del Amor.” (Civ. del Amor; 108)

 

¡Nuestra Iglesia necesita gente que ame! Que ame incansablemente, porque sólo por amor las cosas son de Dios, sino son nuestras, responden a las estructuras, las expectativas, pero no a la realidad. Y el ABC de la PJ es partir de la realidad como ella es y amarla, no mirarla con descreimiento, desconfianza, no usarla como una excusa para querer transformarla luego, para hacerla más sagrada, ella ya es sagrada. Dios la tiene en sus manos… es Él quien la hace sagrada.

 

 

 

Una PJ que sea lugar de discernimiento de los proyectos de vida

 

“Crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres”

(Lc 2,52)

 

Soñamos con una PJ que ayude a los jóvenes a discernir el proyecto de Dios para sus vidas.

El verdadero desafío de nuestra PJ tiene mucho que ver con el lema de nuestra Jornada Nacional de este año: “En la vida encontramos a Jesús”. Soñamos con una PJ que ayude a cada joven a reconocer que es necesario descubrir un proyecto para su vida, con todo lo que ello implica: compromisos, desafíos y renuncias que forman parte de construir el Reino que Jesús anuncia. Esta búsqueda del proyecto de vida es la búsqueda de la felicidad: “Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa” (Jn 15, 11). Pero es una búsqueda que implica también en determinados momentos planteos exigentes.

 

Soñamos con comunidades y grupos de base que sean espacios que promuevan el discernimiento del proyecto de vida y procesos de educación en la fe, orientados por referentes comprometidos.

 

 

Soñamos con una PJ de laicos comprometidos, que aporten desde su proyecto de vida. Que trabajen junto con los sacerdotes, pero que sea un servicio compartido en el cual cada uno aporte desde lo específico de su opción de vida. También en la presencia de los Obispos, no como simples administradores diocesanos sino como verdaderos pastores. Que sean referentes y se tenga en cuenta su aporte en lo referido al mundo juvenil.

 

Soñamos con una PJ cimentada en procesos.

Creemos en una PJ de procesos, en la que los eventos estén al servicio de los procesos personales. El verdadero desafío es continuar generando espacios de reflexión y oración que promuevan otros encuentros.

 

 

Una PJ misionera inserta en la realidad

 

“Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”

(Mt 25, 40)

 

Soñamos con una PJ que invite a la misión inserta en los procesos.

Una PJ que apueste a los procesos de crecimiento en la fe y en la oración que fructifica transformando la vida de los jóvenes. La oración debe transformar la vida de tal manera que sea natural el servicio y la evangelización en todos los momentos, no solo en instancias puntuales descolgadas de los procesos.

 

Una PJ que conozca la realidad, la valore y la quiera para poder responder a ella; acompañando los procesos para que los jóvenes puedan descubrir el verdadero sentido de la transformación de la realidad.

 

Una PJ que descubra el significado de la misión más allá de las estructuras eclesiales que proponen un lugar para hacerlo. Que fomente la actitud de servicio como modelo de vida, en todos los ámbitos, lugares, y momentos. Descubrir en las acciones concretas del diario vivir el llamado de Dios a servir a los más pequeños.

 

Soñamos con una PJ que se comprometa con la realidad.

Una PJ que fomente el compromiso de los jóvenes en la transformación de la realidad desde otras instituciones u organizaciones intermedias. Que despierte el interés de los jóvenes por la militancia activa dentro de la sociedad, coherente con su ser cristiano.

 

Soñamos con una PJ que tenga como opción comprometerse con la realidad, en la educación, la política, la cultura, la economía, etc. y que ame incondicionalmente a todos y todas los que están en situación de pobreza, no para “servirlos” sino para amarlos y por lo tanto que sea común que haya pobres en la PJ y no solo como “aquellos a los que hay que misionar”, sino aquellos que piensan con nosotros, estudian, rezan…

 

Aparecida nos llama a una conversión pastoral y a una conmoción. Soñamos con una PJ que se cuestione qué significa conmoción para nuestras estructuras y nuestra manera de encarar la misión en todos los aspectos: personal, comunitario, grupal, trabajo, servicio, formación, ciudadanía, etc.

 

Soñamos con una PJ que viva la alegría de ser discípula de Jesús y que sea su Palabra la que anime y guíe toda la propuesta misionera y de encuentro con los jóvenes que ya están pero también de los que tendrá que salir al encuentro.

 

 

 

Una PJ que rece

 

“Señor enséñanos a orar”

Lc (11,1)       

 

Soñamos con una PJ que rece desde la realidad.

Una PJ de personas sencillas que sientan y vivan la Palabra de Dios como algo importante y central en sus vidas. No debemos perder de vista lo esencial, sino que es necesario (cada vez más) volver a nuestro centro; a nuestro núcleo que es la Palabra. Confiados en que solo desde ahí, desde la oración, desde la Palabra, Dios se va mostrando en los signos de los tiempos de cada generación. Buscando profundizar en la iluminación que ofrece la Palabra, partiendo siempre de la realidad de cada joven, así como Jesús se hizo cercano a la realidad y a las situaciones que vivía su pueblo (Mc. 1,40-45; Mc. 2,1-12) y los animaba a transformar su vida para ser realmente felices. Y como Él, llevar la Palabra al mundo juvenil, con las características del mismo, con todo lo rico y lo bueno que tienen las culturas juveniles, y así descubrir que la vida tiene sentido y se puede apostar a ser feliz a pesar de las dificultades e injusticias que ocurren en la sociedad.

                                            

Por ello necesitamos y deseamos una PJ que rece y que estudie, conozca con seriedad el mundo, su historia, su hoy y en lo posible saber a donde vamos y a donde deseamos ir, a partir de escuchar la Palabra de Dios. Solamente escuchando a Jesús, nuestra PJ seguirá siendo creíble.

 

 

 

Una PJ que discierna

 

“Guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior”

Lc 2, 19

 

Soñamos con una PJ discerniente de los deseos de Dios.

La oración va muy unida al discernimiento, necesitamos conocer cómo Dios quiere que sea nuestra PJ. Soñamos con una PJ que, como el ciego de Jericó, pida ver (Mc 10, 50-52). Una PJ que quiera discernir, quiera ver cuáles son los caminos y las propuestas de Dios para todos los jóvenes de hoy.

 

Este discernimiento lo hacemos juntos: jóvenes, animadores,  asesores, obispos, párrocos, etc. Por ello soñamos con una PJ discerniente de los deseos de Dios, que definitivamente será nuestra mayor plenitud y felicidad.

 

 

 

Una PJ que estudie y forme

 

“Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas”

(Mc 4, 2)

 

Soñamos con una PJ que forme jóvenes maduros en la fe.

Que promueva una espiritualidad del seguimiento de Jesús que sea juvenil, laical, liberadora, encarnada e integradora de la fe y la vida. “No se trata de un simple “traspaso” del mensaje o de una mera enseñanza de conocimientos intelectuales, sino de animar un proceso integral de maduración y de formación en la acción.” (Civ. del Amor, 185).

 

“La evangelización tiene que hacerse vitalmente, partiendo de las experiencias de vida y procurando reelaborarlas a la luz del Evangelio. La mejor manera de considerar íntegramente al joven en su formación es tomar en cuenta su experiencia como el elemento central y el punto de partida de la pedagogía, de los métodos y de las técnicas que se van a utilizar.”(Civ. del Amor, 186)

 

Soñamos con una PJ que estudie la realidad de las culturas juveniles.

Una PJ que valore todo lo que tienen de positivo las diferentes culturas juveniles, que conozca con seriedad la realidad en la que éstas están insertas, su historia y su presente.

 

Soñamos con una PJ que apueste a la formación y reflexión permanente:

·         de análisis de la realidad, en especial de la realidad juvenil (política, sexualidad, adicciones, pobreza, marginalidad, economía, ecología, responsabilidad ciudadana, violencia, etc.)

·         teológica y bíblica (Lectio Divina, cristología, eclesiología, etc.)

·         espiritual (acompañamiento, oración, ejercicios espirituales)

·         pastoral (formación de agentes pastorales, nuevas formas de evangelización y acompañamiento, metodología)

 

Soñamos con una PJ que sea capaz de difundir su propuesta de seguimiento de Jesús.

Que profundice en la pedagogía de Jesús que sale al encuentro de las diferentes realidades.

 

 

 

Una PJ que Incluya

 

“El hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores”

(Mt 5, 45)

 

Soñamos con una PJ que no segmente en “destinatarios” y “protagonistas”.

Las clases sociales, las oportunidades y demás no son la esencia que determina la conformación de la PJ,  sino que la esencia es  la opción y el seguimiento a Jesús. Que no distinga entre los jóvenes que “dan” y los jóvenes que “reciben” sino que podamos vivir realmente un crecimiento conjunto, integrados, un intercambio de saberes y experiencias que favorezca el crecimiento de todos.

Soñamos con una PJ que sepa acoger a todos

 

Soñamos con una PJ que respete la individualidad y la diversidad.

Que genere en los jóvenes la conciencia de sentirse parte, sin perder la esencia de cada uno, que no sea algo homogéneo. Que podamos vivir nuestra particularidad en   comunión con otros jóvenes, que en apariencia son diferentes pero tienen una misma motivación. Que fomente la apertura a las diferentes formas de participación y a las diferentes realidades.

 

 

 

Una PJ realmente participativa

 

“Ustedes no me eligieron a mi, he sido yo quien los eligió a ustedes”

(Jn 15, 16)

 

Soñamos con una PJ en la que haya representatividad.

Que los espacios sean realmente participativos. Que los jóvenes sean capaces de aportar ideas y sugerencias en los espacios correspondientes ya sea en lo local o parroquial como en las instancias de coordinación más amplias. Una PJ que acompañe y fomente la cultura de participación en las estructuras.

 

Soñamos con una PJ que apueste a una construcción colectiva.

La idea no es que haya autogestión sino que los jóvenes sean protagonistas de su caminar dentro de la PJ y que sean acompañados y orientados en el ejercicio de su libertad.

 

Soñamos con una PJ en que los jóvenes sean partícipes.

No necesariamente todas las personas tienen las ganas, la capacidad, el carisma, el perfil, la voluntad de trabajar con los jóvenes. Soñamos con que las personas que dediquen su tiempo a la PJ lo hagan por opción personal y porque se sientan llamados a este servicio.

Creemos y sentimos que quienes están trabajando dentro de la PJ deben sentirse a gusto con su rol. Esto es bueno para los demás integrantes de la PJ y saludable para ellos.

 

Una PJ que acompañe

 

 “Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos”

(Lc 24,15)

 

Soñamos una PJ que acompañe a los jóvenes en forma personal y grupal.

 

Acompañar quiere decir esencialmente compartir, y compartir algo tan vital como “el pan del camino”, o sea la propia fe, la memoria de Dios, la experiencia de lucha, de búsquedas, de amor a Él. Por lo tanto, acompañar no es lo mismo que dirigir; los jóvenes son protagonistas de sus vidas.

Acompañar es estar con los jóvenes, ir con ellos, compartir sus afectos, sus estados de ánimos, sus sueños, es coincidir o a veces no coincidir, pero es seguir estando y apostando al desarrollo integral de su persona.

 

El acompañamiento personal de los jóvenes “debe estar atento a los signos que van percibiendo en sus vidas. De modo especial, debe estar atento a los cuestionamientos que viven en el seguimiento de Jesús, en la experiencia de Iglesia, en la vivencia de su sexualidad, en la toma de decisiones para su inserción social y su opción vocacional. Un acompañamiento adecuado los ayudará a madurar en su proyecto de vida y a alcanzar su realización personal y su maduración cristiana.” (Civ. del Amor, 342)

 

Para acompañar se necesitan adultos comprometidos y apasionados que acompañen. Adultos que entiendan y asuman (desde sus capacidades y el lugar en que se encuentran) que la realidad de los jóvenes también es responsabilidad de ellos. Que la PJ sea un espacio en el cual los adultos puedan ir creciendo y madurando junto con los propios jóvenes. Un espacio en el cual puedan ser modelo para otros como otros lo fueron para ellos.

 

 

 

Una PJ inserta en la Iglesia

 

“Por muchas que sean las partes, todas forman un cuerpo”

(1Cor 12, 12)

 

Soñamos una PJ en la que crezcamos en comunión eclesial y sentido de pertenencia a la Iglesia toda, donde los jóvenes tengan su lugar y su voz. 

 

Una PJ “que involucre a toda la comunidad eclesial en la apertura y acompañamiento a los jóvenes y promoviendo la participación de éstos en la comunidad” (Orientación PJN 2007-2010 Nº 1 Línea de Acción 3)

 

Como PJ estamos contenidos en algo más grande, en una Iglesia de la que nos sentimos parte, lo que nos hace responsables y comprometidos con su misión y su agiornamiento permanente.

 

Soñamos con una Iglesia que sea nuestra casa. Con todos los espacios y las cosas que la conforman. Con los lugares que se pueden mostrar o compartir y aquellos que forman parte de lo privado, de lo íntimo, donde todos somos importantes y cada uno tiene algo que aportar a los demás (1Cor. 12,12-27). Una Iglesia que sea familia.

 

 

 

Una PJ comunitaria

 

“Todos los que habían creído vivían unidos”

Hch 2-44

 

Soñamos con una PJ que sea espacio para reír, reflexionar, y confrontar desde el modelo de vida de Jesús, que nos llama a una vida en comunidad para crecer y valorarnos en nuestras diferencias.

 

Soñamos con una PJ, que sea capaz de recrear los grupos de base en un espíritu de comunión, intentando vivir desde esa comunión los desafíos que la misma vida nos va marcando y desde ahí atrevernos a compartir desde el "adentro" de nosotros mismos no quedando en la reunión sistemática sino abrir el "encuentro" a otras instancias que pueden ser de servicio compartido o de acompañamiento sencillo de otras realidades.

 

Una PJ representada con la imagen de la casa y la familia. No porque sean perfectas o todo lo que sucede en ellas sea bueno. La familia, por los sentimientos que en ella se generan, por eso de lo “filial”. Que va mas allá de si es funcional o no, si cumple de momentos o no con su función. Sino que es algo real y en la cual se ponen de manifiesto sentimientos y modelos.

 

Una PJ comunitaria, que genere vida comunitaria desde Dios, vida compartida, oración compartida, servicio compartido. Acompañar esos brotes que hoy están surgiendo, de que esta experiencia comunitaria sea una opción de vida.

 

 

 

Una PJ que celebre

 

“Hagan esto en memoria mia”

(Lc 22, 19)

 

Soñamos con una PJ que celebre la presencia de Dios en la vida de los jóvenes, que haga memoria agradecida del camino recorrido juntos y de la entrega apasionada de tantas personas.

 

Soñamos con una PJ que celebre la vida de cada uno con alegría. “La existencia cotidiana, con sus alegrías y tristezas, sus problemas y dificultades, sus temores y esperanzas, sus acciones sencillas y compromisos radicales es signo de la presencia y de la acción de Dios en la historia y en la vida de las personas. Encontrarse con él, reconocer su presencia salvadora y su llamado a responder con coherencia y a comprometerse en la construcción del Reino es celebrar la vida.” (Civ. del Amor, 315)

 

Soñamos con una PJ que sea espacio de disfrute y una opción consciente y responsable para cada uno de sus integrantes, que no sea vivida como una carga o un compromiso ajeno a las opciones de vida.

 

“El momento de la celebración es un momento privilegiado para unir la fe y la vida, para reavivar la esperanza y para reafirmar que, en medio de una cultura de la muerte, los jóvenes quieren vivir y crecer en una cultura de la vida.” (Civ. del Amor, 316)

 

 

 

Una PJ que se proyecte

 

Soñamos con una PJ que sea capaz de transformarse.

 

Soñamos con una PJ que a la luz del Evangelio, rezando, discerniendo y estudiando, tenga la capacidad de proyectarse y recrearse con el paso del tiempo para continuar acompañando a los jóvenes uruguayos.

 

Soñamos con una PJ que sepa a dónde va y a dónde quiere ir, sin olvidar de dónde viene, su historia, el testimonio de tantos hombres y mujeres que a lo largo de estos 31 años se jugaron por Cristo y por tantos jóvenes del Uruguay.

 

Soñamos con una PJ que se cuestione e interpele. Que se pregunte si los medios son los adecuados para sus objetivos.

 

Soñamos con una PJ que nunca pierda la capacidad de soñar.

 

 

Noviembre de 2009

 

Participantes:

Beatriz Brites – Secretaria Ejecutiva de la PJ

Pbro. Leonardo Risso – ex Secretario Ejecutivo de PJ, asesor diocesano de PJ Minas

Pbro. Daniel Silva – asesor MJS

Pbro. René Da Silva – asesor PJ diócesis de Tacuarembó

Roxana Revetria – asesora PJ diócesis de San José

Aníbal Ortiz – asesor PJ diócesis de San José

Ana Laura Núñez – coordinadora subcomisión PJ Rural

Erik Koleszar – ex coordinador subcomisión PJ Migrantes

Gabriela Domínguez – ex delegada joven diócesis de Salto

Ana Virginia Chiesa – ex delegada joven MJS

Magdalena Martínez – ex secretaria adjunta PJ

Martín Notejane – secretario adjunto PJ

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